19 de septiembre.- El vídeo no puede ser más escalofriante. Un zumbado, uno más, que dispara en el metro durante la hora punta a quien se pone por delante. En muchas ocasiones, en este blog he puesto a la policía mexicana como ejemplo de lo más bajo que puede caer el ser humano. Delincuentes con uniforme trabajando casi siempre al servicio del mal. "Si te pierdes, se te pincha una rueda o tienes un problema", todo menos acudir a la policía, suelo decir a los amigos que visitan estos lares y que se dejan llevar por un uniforme impecable.
Pero lo de este viernes ha sido impresionante. Reconozco que me ha dejado tocado la valentía de un policía vestido de paisano que, a pecho descubierto, se enfrenta en un acto heroico al asesino, pistola en mano, mientras el resto de los pasajeros huye en dirección contraria.
Era viernes y el metro iba a tope. Tanto que los guardias de seguridad se esforzaban por mantener perfectamente separados los vagones destinados a los hombres y a las mujeres. El metro del Distrito Federal va rápido, es limpio y funciona con puntualidad británica. Pero también huele a vía, se acumula la humanidad y el calor y el silencio se apodera de unos vagones asfixiantes donde no hay aire acondicionado y puedes sentir en la nuca el cabreo del resto.
Cuando llega el frenazo, que advierte la entrada a la estación, entonces brazos y cuerpos se bambolean al mismo tiempo en una especie de natación sincronizada en la que nadie levanta la voz. El vagón es un montón de cabezas en silencio, agachadas y cansadas. Una atmósfera pesada y densa que evacua y diluye diariamente a millones de personas.
Observatorio, Tacubaya, Juanacatlan. Ahí va nuestro hombre. Agarrado a la barra rumbo a la última parada de la línea. Allí tomará un autobús que lo llevará hasta alguno de los grises cerros que rodean la capital. Va vestido con una sencilla camisa clara y un modesto pantalón pinzas con los que aparenta una elegancia mínima, suficientes para hablarle al jefe. Ropa de grandes almacenes. Todo lo que le permite un sueldo de 400 euros.
En el metro él se diluye, pone en la mente en blanco y repite el mismo camino que lleva 15 años haciendo a la misma hora, en el mismo tiempo y casi siempre en el mismo vagón. Sevilla, Insurgentes Cuauhtemoc. Va cansado. Lleva 16 horas vigilando la entrada a un banco pertrechado con un chaleco antibalas y una gorra de plato bajo la lluvia que estos días no perdona y sin más oficio que abrir y cerrar la puerta a los clientes.
Aunque no lo parezca se juega la vida. Será el primero en caer en caso de que intenten atracar el banco. Pero nadie le da más importancia que la de un simple abrepuertas a medio camino entre un vigilante y un aparcacoches. Cuando vió salir de la sucursal a un joven que acababa de retirar tres veces su sueldo mensual pensó en lo difícil que es ser honrado en esta pinche ciudad. Le abrió la puerta y lo vio irse en dirección a San Ángel.
Pero es viernes. Colgado de la barra del metro se deja llevar mirándose sólo los pies. ... Ni siquiera hay una falda o unas piernas, como otros días, con las que distraer el paso de las estaciones. Balderas. Ni siquiera abrió el periódico que lleva debajo del brazo y que dedica su ensangrentada portada a un hombre que "agrediola, violola y matola" por despecho. Mira el suelo y hace esfuerzos por mantenerse en su sitio cada vez que se abren las puertas y centenares de personas pretenden entrar en un puñado de metros cuadrados. Este sábado sólo habrá media jornada y tendrá toda la tarde del sábado para pasarlo con sus nietas. Lo mejor que tiene en la vida. Él vive con ellas y con la madre de las niñas, a la que pasa casi la mitad del sueldo porque el cabrón del marido desapareció hace años.
No estaba en el vagón ni conozco a nuestro amigo. Pero vivo muy cerca de la estación de Balderas y he cogido mil veces ahí el metro. Creo reconocer a qué huele nada más pasar el torniquete y creo haber visto mil veces la cara del hombre que ahora yace en el suelo con un tiro en la cabeza. Intentó arrebatar la pistola al loco que empezó a disparar en el andén y entonces pienso en sus nietas y en si merece la pena ser valiente.
Pienso en el profesor Neira y en el cabrón que miraba hacia otro lado mientras aquel hijo de puta de Barcelona lanzaba patadas a una ecuatoriana que iba tranquilamente sentada en el metro.
Esta ciudad es maravillosa, pero hay días....
sábado, 19 de septiembre de 2009
lunes, 31 de agosto de 2009
buenos dias
Buenos días, princesa!! - Pero nosotros dejamos entrar a todo el mundo en la librería! - No! Mañana mismo tambien pondremos un cartel. Aver, dime algo que te caiga mal... - Las arañas, y a ti? - A mi... los visigodos! A partir de mañana vamos a poner ... "Prohibida la entrada a las arañas y a los visigodos"... puagh! me tienen fritos los visigodos, se acabó!
viernes, 21 de agosto de 2009
la ciudad de la salud
En la India, por razones genéticas, la población sufre tres veces más enfermedades cardíacas que el resto del mundo; es también el país con más pobres de la tierra.
Esta combinación de circunstancias empujó hace 20 años al doctor Devi Shetty a idear un plan que permitiese a todo el mundo tener acceso a un seguro médico capaz de cubrir incluso las intervenciones coronarias, que están entre las más costosas.
Por el equivalente a 15 céntimos de euro al mes, millones de indios se benefician de un seguro médico que incluye cualquier tipo de eventualidad, incluida no solo la cirugía coronaria sino también neurocirugía, trasplantes y cualquier otro tipo de tratamiento, operación o análisis.
En los alrededores de Bangalore, la capital india del software, se levanta el hospital Narayana, que en realidad es un complejo médico de varios edificios a los que el doctor Shetty llama "la ciudad de la salud". Empezó hace 20 años como un hospital con 450 camas y especializado en cardiología, y hoy alberga la mayor unidad de transplantes de corazón del mundo y tiene capacidad para casi 5.000 pacientes.
De las 30 intervenciones diarias que como media se llevan a cabo en la "ciudad de la salud", la mayoría tienen como paciente a una persona con pocos recursos. Aún así, el complejo médico del doctor Shetty obtiene unos beneficios netos de casi 45 millones de euros.
Esta combinación de circunstancias empujó hace 20 años al doctor Devi Shetty a idear un plan que permitiese a todo el mundo tener acceso a un seguro médico capaz de cubrir incluso las intervenciones coronarias, que están entre las más costosas.
Por el equivalente a 15 céntimos de euro al mes, millones de indios se benefician de un seguro médico que incluye cualquier tipo de eventualidad, incluida no solo la cirugía coronaria sino también neurocirugía, trasplantes y cualquier otro tipo de tratamiento, operación o análisis.
En los alrededores de Bangalore, la capital india del software, se levanta el hospital Narayana, que en realidad es un complejo médico de varios edificios a los que el doctor Shetty llama "la ciudad de la salud". Empezó hace 20 años como un hospital con 450 camas y especializado en cardiología, y hoy alberga la mayor unidad de transplantes de corazón del mundo y tiene capacidad para casi 5.000 pacientes.
De las 30 intervenciones diarias que como media se llevan a cabo en la "ciudad de la salud", la mayoría tienen como paciente a una persona con pocos recursos. Aún así, el complejo médico del doctor Shetty obtiene unos beneficios netos de casi 45 millones de euros.
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